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Calasanz
es un místico.
Él
se encuentra con los niños pobres.
Los
niños le hablan del amor del Dios todo misericordioso
con
sus miradas, con sus voces tiernas,
con
su pobreza, con su sufrimiento.
Entonces
él renuncia a todas sus pretensiones
de
obtener puestos importantes en la Iglesia,
renuncia
a ser grande
y
se vuelve pequeños con los pequeños.
Calasanz
dedica su vida entera a los niños pobres,
a
los más pequeños.
Los
niños se van metiendo a su corazón.
El
quiere hablarles de Dios
pero
poco a poco encuentra
cómo
contemplar a Dios en esos pequeños.
Y
así llega el momento de ver cara a cara a Dios,
como
un místico.
Y
cuando alguien ve cara a cara a Dios
todo
lo demás ¡vale madres!
Chinchachoma.
Tlalcoligia, D.F.
25
de agosto de 1998.
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