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Sueños
vacacionales en Acapulco
Las mochilas estaban ya preparadas y cada una de ellas
guardaba en su interior la ropa necesaria y las ilusiones de todos los niños
de la casa hogar por viajar a Acapulco. Acomodamos como pudimos las bolsas
en la camioneta y nos introdujimos en ella como si de piezas de rompecabezas
se tratase, dejándonos llevar hacia un paraíso que nos envolvería en calor y
agua salada.
Cuando llegamos la noche nos abrazó con su caluroso
clima tropical, a lo lejos la montaña y el río aguardaban nuestro despertar.
Las vacaciones en Acapulco comenzaron con una jornada
deportiva y de convivencia junto a los jóvenes del filial del Cruz Azul,
allí se mezclaron goles, juegos, risas y amistad. A partir de ese momento
todos los días en Acapulco serían especiales ya que cada amanecer nos
sorprendería con una novedad; visitamos la laguna, paseamos en panga por sus
aguas, intentamos pescar, bebimos y comimos cocos, nos bañamos, montamos a
caballo, comimos pescado, convivimos con su gente y fue maravilloso.
Pero sin duda alguna la actividad más atractiva para
todos los chavos fue la playa, muchos de ellos veían el mar por primera vez,
abrían sus ojos ante su inmensidad y dejaban arrastrar sus salvavidas al
ritmo de las olas, jugaron y construyeron castillos convirtiéndose en los
reyes de la arena, disfrutaron mucho soñando ser grandes marineros y
concluyeron su sueño contemplando la puesta del sol en el atardecer.
No obstante, si algo hay que destacar de estas
vacaciones es la hospitalidad de las gentes que nos acogió, desde el
principio todo el mundo se volcó con los niños y desde su humildad se
esforzaron no solo por darnos de comer sino también por hacernos sentir como
en casa. En la misa de fin de año nos presentaron como importantes
invitados, nos saludaban por la calle, nos llevaron de paseo y gracias a la
familia Nava Galicia y a su disponibilidad en todo momento establecimos unos
lazos afectivos que serán difíciles de romper.
Pasamos Pero no solamente fueron unas vacaciones
recreativas, los niños tuvieron la oportunidad de conocer una realidad
distinta, las costumbres de un pueblo humilde pero encantador, pudieron
descubrir la vida alejados de las comodidades de la gran ciudad y la
verdadera amistad con los jóvenes de la colonia.
El calor, el río, la laguna, los juegos deportivos, las
iguanas, la playa y la convivencia consiguieron hacer realidad por unos
días los sueños vacacionales de los niños de la casa hogar y de todos los
que tuvimos la oportunidad de disfrútalos junto a ellos.
S
in duda alguna los sueños vacacionales en Acapulco ha
supuesto para todos una lección de vida.
Laura San Juan, Hogar de Tlalpan.
Voluntaria de Zaragoza, España.
Desde Venezuela
Oscar,
un escolapio de Venezuela, nos comparte sus experiencias en la calle.
Quisimos publicar esta última en nuestra revista de los Hogares Calasanz de
México. Seguramente veremos aquí muchas semejanzas con las experiencias que
dieron origen a los Hogares Calasanz y a las Escuelas Pías.
Ayer, 24,
en vísperas de navidad (¿o en navidad?) fuimos a la calle nuevamente. Esta
vez caminamos por las riberas del Guaire. En la mañana muy temprano hicimos
la ensalada, compramos las hallacas y el pan de jamón. Hicimos 33 platos
navideños, ¡sabrosos se veían!.
Salimos
un poco tarde. Estaba preocupado, ellos salen a martillar a media mañana,
tal vez no íbamos a encontrar muchos. Llegamos a Plaza Venezuela, rodeada de
grandes edificios, después de pasar la algarabía de los buhoneros y los
compradores. ¿Qué paso este día?. En realidad no podía quedarme tranquilo
sin llevar algo de lo que comemos todos en casa, un plato navideño, de esos
típicos de Venezuela.
Bueno,
llegamos al HOGAR BAJO UN PUENTE, espero poder explicar la experiencia.
¿Cómo era la casa?.
El techo
eran las inmensas estructuras del puente. Cuatro cuartos hechos de cortinas
y cartones viejos. Arriba, al subir las columnas de concreto, habían dos
cuartos más (¿o dos cuevas?). ¿El paisaje?. Por uno de los lados estaba el
Guaire, allí cerquitica, oliendo a porquería. Arriba sobre el puente, el
ruido de los carros al pasar. Mucho más arriba, se veían los imponentes
edificios. Pero claro, mucho, pero mucho más arriba se veía la claridad del
cielo caraqueño.
¿Quiénes
viven en este hogar?. Una señora en silla de ruedas, diabética, vieja.
Cristiana Evangélica, según ella. Nos recibió con alegría, cuando sacábamos
los platos de comida lloró de dolor, no habían comido un plato de navidad
como ese desde hace muchos años. Gritó diferentes nombres y salieron como
ratas cuando salen de sus cuevas, dos hombres que dormían en la parte de
arriba del puente, entre las columnas. Ella y otra señora más joven nos
habían recibido. Me asombró, habían hecho una sala, una alfombra de basurero
en el piso, dos sillones y un poco de matas artificiales, allí nos sentaron.
Y no faltaba, en una pequeña mesa rota, una Biblia evangélica abierta. La
mujer de la silla mandó a limpiar una mesa pequeña y allí colocamos los
platos. También viven dos transfor, uno de ellos se llama José y le dicen
Samantha, el otro, Clider y le dicen Keyla. Trabajan en la Av. Libertador.
Según Clider, José, su amigo de cuarto (si se puede llamar a eso cuarto) lee
la Biblia, que por cierto, era un ejemplar de la Biblia Latinoamericana y
estaba sobre un baúl viejo, al lado de un poco de pinturas de labios. Ellos
son aún jóvenes, 20 o más de años. Algo que me asombró, fue que ninguno de
los dos levantó la mirada cuando hablé con ellos. Según ellos, están
contentos allí, arriba en el otro mundo nadie los quiere. Se venden para
sobrevivir y porque les gusta (¿?). Viven allí cuatro lateros más, de
aquellos que buscan en la basura, de vez en cuando roban y todos los días
meten piedra.
Bueno,
después de tanto tocar, de no encontrar posadas, o casas cómodas, estos son
los inquilinos del hogar, claro, si le podemos llamar a eso hogar. Pero yo
me tomo el atrevimiento de nombrarlo así: el Hogar bajo un puente. Y como
estos hay muchos. Es el otro mundo. La existencia que no quiere dejar de
existir y se inventa cuartos, vida feliz, salas de recibo, Biblias que
adornan la casa, etc.
Hablamos
un rato, estuve a punto de tomar la Biblia Latinoamerica y leer algo, pero
allí reunidos en torno a la pequeña mesa ya estaba la Palabra escrita,
estaba hecha vida. En las lágrimas de la mujer, en los corazones alborotados
de los que estábamos visitándoles, en las ganas de comer de los lateros, en
la sonrisa de la mujer joven, en la sed de José y Clider después de una
noche de copas y de mucho trabajo. Allí estaba el Niño Jesús, cuando nos
despedimos y les dijimos Feliz Navidad y volvieron a salir las lágrimas.
Cuando alguien me dijo, -Oscar, la palabra mágica es: tienen hambre- Claro
esa es la palabra que lo deja nacer. Tienen hambre y no sólo de comida,
hambre de ser tratados como iguales a pesar de que son ladrones, enfermos,
transformistas, drogadictos; a pesar de que dicen improperios, insultos; a
pesar de que huelen mal.
Y
mientras subíamos las escaleras, cada uno de mis pasos era diferente. Me
había encontrado con el nacimiento. Por unos momentos y para siempre, porque
son cosas que no se olvidan. Porque José, Clider y los lateros no olvidaran
que les dimos un abrazo al dejarles. Porque las dos mujeres no olvidarán que
les besamos al salir. No se olvida, nosotros no lo olvidamos y por tanto ya
regresaremos nuevamente.
Y en la
esperanza sigue naciendo, no la perderemos, y siempre sigue naciendo.
Bueno,
esta es otra experiencia, disculpen la redacción, hay mucho más que decir de
toda la mañana del 24, pero estoy escribiendo a las carreras.
Que Dios les bendiga,
FELIZ NAVIDAD A TODOS.
Oscar García de Jesús.
Noticias
Veracruz
Iniciamos
el mes de noviembre con la celebración de los muertos. En la Escuela
Calasanz hubo fiesta y en cada una de nuestras casas pusimos los altares
según la tradición.
Durante
la última semana de noviembre tuvimos los festejos de Calasanz que
concluyeron con una kermesse en la escuela.
Hicieron
la Primera Comunión: Iván, José Carlos, Alí, Esaú y Luis Alonso. El P.
Unanua celebró la misa en la Universidad Cristóbal Colón.
Todos
colaboraron en la organización de las posadas y nos divertimos mucho.
La cena
de Navidad de todos los chavos fue en la casa de los padres escolapios. Es
la segunda vez que pasamos la navidad con ellos y les agradecemos mucho que
compartan esa cena tan importante con nosotros.
Recibimos el año nuevo en un
paseo que nos organizaron. Alguno niños fueron a visitar a sus familias.
Puebla
Tuvimos
muchas posadas antes de navidad. Les agradecemos a todas las personas que
nos invitaron.
Nuestro
patronato nos preparó una cena y convivio en el hogar de los pequeños.
Asisitimos todos y nos divertimos mucho.
Enoc
también nos regaló una cena en un restaurante donde él trabajaba. También
nos divertimos mucho esa noche.
Todos
colaboraron con entusiasmo para poner un nacimiento de muchas figuras. Así
nos preparamos para celebrar la navidad.
Para la
cena de Navidad se reunieron los chavos de todos los hogares en la casa de
los pequeños. Todos recibieron regalos.
Recibimos
el año nuevo en la ex hacienda de San Carlos en el sur del estado de Puebla.
Durante la madrugada los niños seguían muy contentos echándose clavados en
la alberca.
Tlalpan
Felicitamos a Marcelo que ha
mejorado muchos sus calificaciones y a todos los que han hecho esfuerzos por
mejorar.
César ha estado enfermo pero ya se
va reponiendo gracias al te de manzanilla y a los cuidados de su tía Mode.
Durante estas vacaciones hemos
tenido la visita y la ayuda de dos voluntarias: Nicol de Guerrero y Laura de
España.
El P. Fernando, superior de los
padres escolapios, nos invitó a cenar a su casa. Aunque tuvimos un apagón
nos divertimos mucho compartiendo con su comunidad.
Después de Navidad nuestro tío Tello
nos llevó de paseo a Acapulco donde nadamos, pescamos, jugamos y nos
divertimos tanto que ya no queríamos regresar.
 
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