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Desde África...
Bertrand es
un escolapio de Camerún que siempre lee y comenta nuestra revista. En
esta ocasión se presenta y nos comparte alguna experiencia en la que
podemos ver por qué se ha interesa siempre en la vida de los Hogares
Calasanz.
Queridos amigos:

Me
sorprendí mucho y me puse muy feliz cuando el padre Francisco me dijo
que yo podría escribirles en su revista, aunque he de decir que no es
fácil hablar de mí mismo.
Antes
que todo quisiera decir que soy camerunés.
Camerún, mi país, está situado en el África central.
Yo
tengo 27 años, estudio el segundo año de Teología en la Universidad
Católica de África Central, situada en Yaundé.
Vengo
de una familia de 10 hijos y soy el antepenúltimo.
Todos
mis hermanos y hermanas viven.
Mi
papá era maestro, ya se jubiló; y mi mamá trabaja en casa. Algunos de
mis hermanos y hermanas tienen un trabajo. Los otros todavía están
estudiando en diferentes escuelas.
Yo
pertenezco a la zona de habla francesa de Camerún.
Nací
en uno de los hospitales de mi región llamada Ndoungué.
Y
crecí en un pequeño pueblito llamado Manjo, donde viven hasta ahora mis
padres.
Hice
parte de mis estudios bajo la vigilancia de mis padres.
A la
mitad de mis estudios de la secundaria me fui a una pequeña ciudad
llamada Bafoussan, donde trabajaba uno de mis hermanos y yo vivía ahí,
con él y su esposa.
Después fui a Bamenda, en la zona de habla inglesa del país. Ahí seguí
estudiando francés y presenté el examen de acceso para la Universidad.
Acerca
de mi vocación.
Antes
que todo quiero hablar desde mi infancia, pues desde entonces yo pensaba
ser un sacerdote. Tenía más o menos 11 años.
El
primer paso que di fue hacerme acólito.
Entonces yo les hablé de esto a mis papás y su reacción fue decirme que
primero debía estudiar y después pensar en otras cosas.
Crecí
con esta idea y en aquel año que viví en Bamenda le pedí a un padre
escolapio la oportunidad de ingresar con ellos.
Su
nombre es Fernando Negro, el hermano del superior provincial de Aragón
(España).
Al
final del año fui admitido para iniciar mi formación sacerdotal.
Este
es mi sexto año ahí. Y sigo muy feliz y contento.
Por
otra parte, estando en la Orden, con la ayuda del P. Fernando, descubrí
una casa hogar.
Yo le
pregunté si podía tener ahí alguna experiencia.
Obtuve
el permiso.
Esto
fue un enriquecimiento para mí tanto que pedí ir dos veces más.
Estando en aquella casa hogar he descubierto seres humanos de verdad:
necesitados en muchos aspectos, en el amor, en justicia, en pan, en
dignidad, en aceptación social…
Además, puedo decirles que hice una profunda experiencia de nuestra
condición humana que pienso y creo, que no es ajena nuestra raza, país,
tribu, continente…
Estando en la casa hogar comprendí que los niños viviendo ahí no quieren
que los extraños les tengan lástima sino que los amen y los acepten como
son.
Son
muchas cosas más las que podríamos reflexionar juntos sobre esto y
espero que se pueda próximamente.
Acerca
de nuestra vida en el Juniorato, somos 33 en comunidad.
Los
junioress que viven en esta casa vienen de 5 países diferentes:
Camerún (hermanos de habla francesa y los de habla inglesa), Guinea
Ecuatorial, Gabón, Senegal y Costa de Marfil.
Los
padres formadores son tres españoles.
Durante la semana vamos a la escuela y el fin de semana tenemos
apostolados en nuestra parroquia. También ayudamos en la parroquia de
las universidades e instituciones estatales. Ahí es donde trabajo yo. Y
otros hermanos ayudan en las parroquias de habla inglesa del pueblo.
Esta
es una breve presentación de mi país, de mi historia personal, de mi
vida religiosa y un poco de las experiencias que tuve en algunas casas
hogar.
Queridos amigos, finalmente quiero saludarlos y dejarlos conocer que
tienen amigos en este lado del mundo trabajando con ustedes y amando con
ustedes.
Además, quiero decirles que nunca se desesperen en su vida, ya que su
futuro está siempre hacia arriba, nunca detrás. Cada uno de ustedes
tiene una historia.
Algunas veces ésta es triste ya que la gente o los acontecimientos la
condicionan para ser así. Pero ahora, olviden el pasado y todo aquello
que les puso en dificultades y, en la medida de lo posible, amen a
aquellos que les rodean, traten de construir una fuerte amistad con las
personas que vienen a ustedes.
El
amor es más fuerte que el odio; también es más fuerte que la muerte.
Tanto
como sea posible, traten de amar primero y amar a todos.
Necesariamente ustedes serán triunfadores si se deciden a cambiar su
vida y a perdonar.
Miren
a Jesús, denle sus manos y caminen a su lado.
Él
siempre esta ahí donde nosotros lo necesitamos.
Recuérdenme, que estaré muy cerca de ustedes.
Y si
ustedes quieren preguntarme o comentarme algo les responderé pronto.
Su
amigo Bertrand Frostig, Sch. P.
  
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