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En el último día del mes
de abril celebramos el día del niño, una fiesta de mucha alegría para
nuestros Hogares Calasanz, un motivo para hacer nuevas amistades como
sucedió en esa fiesta que el juniorato de México dio a los chicos del
hogar de Tlalpan.
Ese día también es una
fecha para reflexionar sobre la situación en que todavía viven muchos
niños en nuestras ciudades.
¿Por qué?, ¿por qué
muchos niños no viven como niños?,
¿por qué son lanzados a
la vida adulta a una edad tan temprana?
Son preguntas
que nos desgastan y tal vez nunca encontremos respuestas.
¿Qué podemos
hacer para que los niños vivan plenamente y felizmente su infancia?
Para esto sí hay
una respuesta.
Tu apoyo, tu
tiempo, tu amistad… eso sí es una gran respuesta.
Hogares Calasanz

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Apreciación total de uno mismo
Muchas veces en nuestro contacto con las personas con
quienes convivimos cotidianamente (familiares, compañeros de trabajo, o
niñas, niños o jóvenes infractores o en condición de calle), notamos que
se comportan de manera difícil, no cooperan, no hacen el esfuerzo
suficiente, no quiere mejorar, etc. haciendo nuestra vida un poco más
difícil de lo usual, despertándonos sentimientos de desesperanza, enojo
e irritación.
Nos dan la excusa para querer cambiar de trabajo, de
grupo, de hogar y hasta de familia, sin darnos cuenta que la persona se
comporta de esa manera rígida por viejas lastimaduras emocionales, que
repite de manera tal que ella misma se identifica y confunde con la
acción y, obviamente, también a nosotros nos confunde, ya que no podemos
ver a la persona, al ser humano; sólo vemos su comportamiento y conducta
angustiosa.
Lo que sucede es que la persona se ha identificado
con su patrón rígido (soy malo y lo van a ver, soy un tonto, soy
agresivo) y lo actúa todo el tiempo, resultándole imposible por sí misma
ver la diferencia entre su ser y su actuar angustioso y mirarlo con
objetividad, diferenciando su persona del problema (la persona es la
persona, el problema es el problema).
Necesitamos que la persona dimensione y vea
objetivamente al patrón que porta (así como el perro lleva en su
pelambre pulgas), pero ello es muy difícil por más sincera que sea su
voluntad y motivación (yo no soy un borracho, sólo bebo de vez en
cuando; no soy mujeriego, sólo me gustan las aventuras; a nadie le
importo; no valgo nada; no soy un irresponsable, etc.). Por eso es muy
importante que al escuchar y prestar atención a una persona, a través de
nuestra inteligencia proveerle información para que llegue a
diferenciarse ella misma de sus comportamientos irracionales.
Hemos observado que cuando valoramos a un ser humano
éste recobra un poco del valor de su persona ocultado por la angustia,
lo que nos permite apreciar la capacidad que tenemos de recuperación de
las conductas aberrantes y ver la bondad de todo ser humano, no importa
cuán obscurecida se encuentre su inteligencia por los sedimentos de la
angustia. En estas situaciones, rápidamente identificamos la conducta
angustiosa y ofrecemos la dirección o la frase que contradiga lo
suficiente el patrón para propiciar el desahogo, y recupere su
inteligencia y una más exacta visión de su ser. Les ofrecemos frases y
acciones para contradecir el patrón (soy bueno, soy valioso, soy guapo,
yo puedo, soy capaz, etc.) y puedan seguir funcionando.
Pero sucede que no siempre tenemos esta capacidad, no
nos encontramos todo el tiempo suficientemente afilados, racionales,
alertas y efectivos, o con la atención para hacerlo, y sentimos que
deberíamos y que nuestros niños, niñas y jóvenes dependen de nuestra
atención para sentirse bien y superar las angustias que les invaden. En
otras ocasiones, sus angustias nos recuerdan situaciones similares que
hemos vivido y perdemos la paciencia y la creatividad y bien, o nos
negamos a pensar en cómo podemos contradecir ese patrón angustioso que
lo tiene atrapado, o nos apartamos de la persona.
Hemos descubierto también, que si ofrecemos cercanía
física (expresiones de afecto, mirar a los ojos directamente, tomar de
la mano, palmear en el hombro o rodear la espalda con el brazo), puede
ser un bálsamo y devolver la confianza en sí mismo. También compartir y
aceptar afecto con un grupo de otros seres humanos equivale a
contradecir el aislamiento emocional en que la mayoría de los seres
humanos hemos vivido, por eso es tan importante un ambiente familiar de
cercanía en el Hogar. Pero no siempre podemos estar cerca y, sobretodo,
que se nos permita la expresión de la misma ya que personas heridas de
forma emocional y física, difícilmente aceptan esta cercanía.
Los sentimientos de desprotección y dependencia
invaden la relación del educador de hogar con el residente, así cuando
el adulto se encuentra fuera del Hogar o los jóvenes se alejan de él,
reviven la dependencia que tuvo el niño, niña, joven en su infancia al
instalarse las angustias que conforman el patrón de angustia que
muestran (mentiras, robo, violencia, agresividad, desvaloración, etc.)
por ello caen nuevamente en la conducta irracional, y la dependencia
frena que salgan del patrón crónico de comportamiento. Es por eso muy
importante que aunque la gente joven no se encuentre cerca de nosotros
tengan acceso a una herramienta que les permitirá por si mismos salir de
las conductas aberrantes y esto es la AUTOVALORACIÓN SIN LÍMITES NI
RESTRICCIONES.
¿Cómo llevarla a cabo?
Primero tenemos que establecer una clara diferencia
entre el patrón de conducta angustioso que lo victimiza y el ser humano
racional.
¿Cómo distinguir un patrón rígido? Es toda aquella
conducta rígida repetitiva irracional y que va en contra de la
supervivencia cualitativa del ser humano.
Si no se establece esta diferencia y si, por un lado,
se trata al patrón de conducta como el ser humano, sería como intentar
razonar y comunicarse con el patrón, o como tratar de extraer una
respuesta flexible a una mente rígida; el patrón solamente es capaz de
producir respuestas repetitivas y rígidas. Por otro lado, tratar a la
persona como si fuese el comportamiento angustioso, equivale a
desvalorizarla, a no comunicarse con ella, a comportarse como si ese ser
humano fuese un idiota; y tampoco funciona.
Segundo, tener la certeza que cualquier ser humano es
valioso, que cualquier ser humano es digno de aprobación y admiración
ilimitada; cualquier reserva al respecto debe dirigirse al patrón
angustioso y no a la persona.
Tercero, existe una dirección segura para deshacernos
de conductas rígidas angustiosas la cual puede adoptarse por voluntad
propia y acuerdo con el escucha; y esta es apreciarse a sí mismo por
todos los medios y sin ninguna reserva.
¿Qué significa sin ninguna reserva?
El participante tendrá pensamientos que le lleven a
no apreciarse totalmente, a exigirle que cambie la dirección mientras
está intentando seguir la autoapreciación. Lo que tiene que hacer es
rotular ese pensamiento y servirle de dirección opuesta (Ej.: soy gorda,
soy atractiva; tengo una cara espantosa, soy guapa; nadie me quiere, soy
el centro del universo; nadie me aprecia, Dios creó todo el universo
para mí).
Cuanto más entusiasta sea la autoapreciación que intente más se llenará
la mente de fantasmas de: autocrítica; defectos, en apariencia genuinos,
súbitamente recordados; aparentes fracasos y limitaciones; obviamente
todos ellos son grabaciones sobre las que se fue creando el
comportamiento angustioso, Las grabaciones negativas sirven de
combustible para continuar con la autovaloración y propiciar el desahogo
y la liberación de esas grabaciones angustiosas que nos hacen
comportarnos algunas veces de manera irracional.
Algunas veces, al participante la autoaprobación le
parece una fantasía ridícula y equivocada y se resiste a llevarla a
cabo; nuestro papel es esperar a que formule las palabras que considere
adecuadas y por ningún motivo caer en la tentación de valorar nosotros a
la persona; en este caso la espera se verá recompensada pues, cuando
encuentre el hilo conductor, se abrirá a una lista descriptiva de su
completa humanidad. Nuestro rol no es pasivo, tenemos que animarle a que
busque en su mente esas cualidades inherentes que todos los seres
humanos tenemos por el simple hecho de existir.
Para que el proceso de recuperación sobre el valor de
nuestro ser siga funcionando, es necesario que las autovaloraciones se
digan en tono exaltado, con una voz firme y alta y con una postura
física y facial de completo agrado de sí mismo.
P. Alejandro García-Durán (Chinchachoma)

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Mi nombre es NARNO ENOC ROSAS,
y el resumen de mi vida se resume de la siguiente manera:
Primero cabe decir que nací en Poza Rica,
Veracruz, pero sólo viví ahí 3 años de mi infancia, 2 más en
Villahermosa Tabasco y 3 en Salina Cruz, Oaxaca. De lo anterior tenemos
que fueron 8 años aproximadamente los que viví con mi familia, pues a
esa edad me salí definitivamente de mi casa por problemas familiares, y
me hice “niño de la calle”. Estando en Salina Cruz, Oaxaca, decidí junto
con unos amigos de mi edad irme a Veracruz, a probar fortuna, vendiendo
chicles, boleando zapatos, o tirando las basuras de los restaurantes por
unas propinas.
De éste modo llegué a Veracruz, pasé
cerca de un año viviendo en la calle, y en ese tiempo fue cuando conocí
a los Padres Escolapios. Fue el Padre Eduardo Tototzintle, en ese
entonces Director de Hogares Calasanz Veracruz, quien me propuso a mi y
a mis amigos ingresar a los Hogares. Nos decidimos a entrar, y de los
cuatro que inicialmente éramos, 2 se fueron al siguiente día y uno más
se fue al mes porqué pasó su papá por él. De este modo sólo quedé yo, y
aunque mi mamá pasó tiempo después queriendo que regresara a la casa, no
lo hice, y hoy día creo que es lo mejor que pude haber decidido.
De éste modo, estuve en Hogares Calasanz
de Veracruz hasta los 13 años aproximadamente, fue mi tiempo de más
rebeldía, y aunque estudiaba y no salía mal en la escuela, fui algo
flojo y demasiado violento, por lo cual me corrieron a esa edad como
cuatro o cinco veces de Hogares, en la última me dijeron que ya no
podría regresar a los Hogares porque no tenía compostura (estuve a punto
de golpear a mis trece años, a un señor de los que nos cuidaban, porqué
me parecían injustas sus actitudes). La cuestión es que perdí otro año
escolar, el segundo de secundaria, que ya no acabé pues o trabajaba y
mal comía o estudiaba. Me quedé a vivir en un taller mecánico como tres
meses, los mecánicos me llevaron cobijas y medio me adaptaron un colchón
en el taller, pero al final no podía, me estaba enfermando pues lo que
ganaba sólo me alcanzaba para comer donas o conchas bimbo y un refresco
diario, y luego con la gasolina y demás componentes del trabajo me dolía
la cabeza. Me regrese a mi casa, pero mi intento de reintegrarme a mi
familia duró cerca de un mes, y tuve que volver a Veracruz porqué no
podía seguir en mi casa. Algo había que hacer pues de otro modo era
quedarme en el taller a esperar una anemia, o alguna otra enfermedad
similar, y era renunciar a ser alguien más demasiado temprano.
Total, busqué la dirección de los Hogares
Calasanz en Puebla, supe que allí estaba el Padre Eduardo Totozintle, y
pues me traslade de Veracruz a Puebla sin nada más que mis documentos
escolares, los que llegando dejé en el taxi que me llevó al Hogar porqué
no tenía para pagarle, con la promesa de que regresara con ellos y le
pagaría lo del taxi en cuanto llegara el Padre Eduardo al Hogar. De
principio no me querían recibir en los Hogares de Puebla, pues iba a
haber conflictos con los Hogares de Veracruz, y ya que me admitieron fue
de forma muy condicionada, al primer pleito con alguien de la casa me
iba del hogar. Terminé la secundaria en una escuela federal, y fui
después el primer chavo de hogares que, no sin antes pasar por dos
amenazas de expulsión en la secundaria federal, tuvo la oportunidad de
entrar a la escuela de ricos de los Padres Escolapios, el Instituto
Carlos Pereyra de Puebla, pues originalmente todos íbamos al Calasanz.
Entre las cosas que pasé en la
Preparatoria, puedo decir que hice muy buenos amigos, que todos los años
reprobé matemáticas, y que en segundo año de preparatoria jugando con un
amigo me dieron un balazo. La bala me perforó el intestino grueso, me
rebotó en la columna y me atravesó la arteria femoral de la pierna
izquierda, tuve hemorragia interna pues perdí 4 litros de sangre, pero
gracias a Dios me salvaron la vida, dicen los doctores que me regresaron
con electroshocks, pues por la pérdida de sangre me había quedado sin
presión, y que fue un milagro que sobreviviera pues uno de cada mil que
pasan por eso sobreviven, y pues si me había salvado es que Dios quería
algo para mí. Algo chistoso de esto, es que cuando fueron los del Hogar
a donar sangre a la clínica, a todos los rebotaron porqué tenían
tatuajes, y quienes me dieron sangre fueron mis compañeros de la
preparatoria.
Lo anterior, en conjunto con la ayuda de
la gente que trabaja en Hogares Calasanz (el Padre, tíos y maestros), me
fueron ayudando a tranquilizar mi carácter, sin embargo, todavía seguía
siendo bastante violento cuando me provocaban. Hubo la oportunidad de
conseguirme por medio de Hogares una beca en la Universidad
Iberoamericana de Puebla, y pues le entré, señalando además que hubo
gente que se arriesgó por mí, pues el primer semestre lo tenían que
pagar completo y sólo hasta el segundo semestre se vería si me daban la
beca y el porcentaje, y como ya dije antes, la gente del Patronato de
Hogares de Puebla arriesgó por mi una lana, gente que tenía y estoy
seguro tiene bastante corazón, pues de ellos había quienes ni me
conocían.
En el transcurso de la Universidad me
acerqué a una familia que me brindó su apoyo desde el principio para que
me preparara, pagándome clases particulares de inglés, la familia
Espinosa-Anaya. Ellos son los principales responsables de los cambios
que para bien he tenido, me han apoyado incondicionalmente como a un
hijo, y me han ayudado a no meterme en problemas, sacándome de problemas
cuando ya estoy metido en ellos. Es bien raro, pero ellos son como mis
papás y están bastante jóvenes, tienen como 33 ella y como 36 él. Su
hija Mariana tiene 4 años, y tienen un nuevo bebé-José Francisco- de
apenas un mes y una semana. Uno no creería que conociéndome grande ya,
se hayan hecho cargo de mí como un hijo, pero han hecho más que eso. Por
ellos he adquirido la seguridad que antes no tenía, se que no me falta
nada y que no voy a estar sólo porqué los tengo cerca siempre, en fin,
me siento querido por esta familia, mi familia.
Hoy en día estoy en un proyecto de
trabajo y de vida aquí en Veracruz, me vine a trabajar con un despacho
muy grande de Puebla y con ganas de crecer y hacerme mejor como abogado.
Aquí en Veracruz he recibido el apoyo del Padre Miguel Giraldes, quien
sin conocerme, y tal vez sólo con referencias mías (obviamente de gente
que me quiere y pudiera no ser objetiva), me ha dado la oportunidad de
estudiar la maestría becado, de dar clases en la Universidad, y pues
siempre es bueno saber que no estás sólo, que tienes alguien aquí en
Veracruz que te está apoyando y que me ha tendido la mano en Veracruz de
una forma muy abierta y sin conocerme.
Lo que sigue en mi vida es tratar de irme
a estudiar un Doctorado, obviamente acabando primero la maestría. Me
gustaría conseguir una beca en España, pues por el idioma y el nivel
sería mi primera y mejor opción de poder escoger. De éste modo, voy a
poner mis esfuerzos en el año y medio que me falta por acabar la
maestría, en buscar las oportunidades u opciones para irme a estudiar a
Europa, en especia a España, un Doctorado. La materia pudiera ser
Derecho Internacional Privado, Laboral o Empresarial, eso no lo defino
muy bien a tanto tiempo de distancia de acabar la maestría, lo que si es
que me quiero seguir preparando para que, ya sea como abogado litigante
o como catedrático, sea mejor en lo que haga a futuro. Creo que también
dependerá un poco de las opciones que encuentre en una Universidad que
pueda becarme.
En fin, eso es un resumen de mi vida,
todo lo que tengo es agradecimiento hacia la gente que la ha hecho, pues
al final soy producto de trabajo (y bastante), de la gente que se ha
encargado de componerme, educarme, moldearme y quererme, ellos han hecho
las cosas buenas que hay en mí, de todo lo malo yo soy el culpable, pero
primero Dios lo iremos corrigiendo con la gente que me quiere.

Ø
Un
especial agradecimiento a todas la personas que apoyaron a nuestros
hogares Calasanz de Puebla, Tlalpan y Veracruz para las celebraciones
del día del niño.
Ø
Les
invitamos a todos a participar en la peregrinación anual de los
escolapios a la Basílica de Guadalupe: 28 de mayo de 2005.
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