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El apoyo constante permite el crecimiento de los proyectos. De otra forma los Hogares Calasanz no podrían subsistir, ni haber sido creados.. Gracias a muchas personas de buena voluntad fue posible iniciar esta obra que por muchos años ha dado una respuesta eficaz ante la gran necesidad social de atender a los niños que quedan en el abandono. Quisiéramos hacer ahora una mención especial al grupo de oración de Huexotitla (Puebla) cuya aportación constante ha significado mucho para la vida de nuestros hogares. Sin ustedes difícilmente podríamos atender a los niños como lo hacemos ahora. Muchas gracias. Hogares Calasanz
Los hogares de Puebla nos comparten
Apreciados tíos/as*: Al empezar este nuevo año les recuerdo que son educadores. Quieran o no, muchos de nuestros residentes les van a tomar como “modelos” e incluso alguno se propondrá firmemente “ser como el tío”. Eso es una gran responsabilidad. ¿Qué imagen doy de mi mismo a los chavos/as? ¿Soy consecuente en mi vida diaria con lo que les inculco a los residentes? ¿Tengo claro qué clase de hombres o mujeres quiero que sean? ¿Soy, realmente, alguien a quien puedan tratar de imitar? Reflexionen sobre esta anécdota: PAPÁ, QUIERO SER COMO TÚ Mi hijo nació hace pocos días, llegó a este mundo de una manera normal... Pero yo tenía que viajar, ¡tenía tantos compromisos! Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba, comenzó a hablar cuando yo no estaba. ¡Cómo crece mi hijo rápido! ¡Pero cómo pasa el tiempo! Mi hijo a medida que crecía me decía: ¡Papá, algún día seré como tú!. ¿Cuándo regresas a casa, papá? No lo sé, hijo, pero cuando regrese, jugaremos juntos; ya lo verás. Mi hijo cumplió diez años hace pocos días y me dijo: ¡Gracias por la pelota, papá! ¿Quieres jugar conmigo? - Hoy no, hijo; tengo mucho que hacer. - Está bien, papá, otro día será. Se fue sonriendo, y siempre en sus labios las palabras: "Yo quiero ser como tú!" Mi hijo regresó de la universidad el otro día, todo un hombre. - Hijo, estoy orgulloso de ti, siéntate y hablemos un poco. - Hoy no, papá, tengo compromisos, por favor préstame el carro para visitar algunos amigos. Ya me jubilé y mi hijo vive en otro lugar. Hoy lo llamé: ¡Hola hijo, quiero verte! - Me encantaría, padre, pero es que no tengo tiempo; tu sabes, mi trabajo, los niños, ¡Pero gracias por llamar, fue increíble oír tu voz! Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo... era como yo. M.F.
¡Ah! No olviden Tíos/as que para ser un buen modelo deben de disponer de todo el tiempo del mundo para convivir, platicar Y ESCUCHAR los muchachos/as de los Hogares. Un afectuoso abrazo a todos/as ustedes. P. Josep Margalef Isern, Sch. P
Queridos/as: Estamos iniciando un nuevo año y yo quisiera realmente que fuera para una VIDA NUEVA en los Hogares. Debemos de esforzarnos para que en cada uno de los Hogares exista una real y auténtica unidad. Vivir juntos en la misma casa no significa que ya estén unidos. Vivir en unidad implica que todos jalen parejo, que estén dispuestos a ayudarse y a perdonarse, a alegrarse con la felicidad de los demás y a llorar con ellos en sus penas. La unidad es la fuerza de Hogares. La unidad es lo que les mantendrá ilusionados por vivir, la unidad les hará fuertes ante los pedos personales y las circunstancias oscuras de la vida, la unidad evitará que caminen hacia atrás como los cangrejos. Les invito a comentar en su Junta de Hogar, esta bella narración, y una vez la hayan platicado que se comprometan a vivir unidos durante todo el año 2006 que hoy iniciamos. Después de algunas semanas, el líder de aquel grupo decidió visitarlo. Era una noche muy fría. Un hombre, que regularmente asistía a las reuniones de un determinado grupo, sin ningún aviso dejó de participar en sus actividades. El líder encontró al hombre en casa, solo, sentado delante de la chimenea, donde ardía un fuego brillante y acogedor. Adivinando la razón de la visita, el hombre dio la bienvenida al líder, lo condujo a una silla grande cerca de la chimenea y se quedó quieto, esperando. Se hizo un grave silencio. Los dos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas en torno de los troncos de leña que ardían. Al cabo de algunos minutos, el líder examinó las brasas que se formaron y cuidadosamente seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas, empujándola hacia un lado. Volvió entonces a sentarse, permaneciendo silencioso e inmóvil. El anfitrión prestaba atención a todo, fascinado y quieto. Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que sólo hubo un brillo momentáneo y su fuego se apagó de una vez. En poco tiempo, lo que antes era una fiesta de calor y luz, ahora no pasaba de ser un negro, frío y muerto pedazo de carbón recubierto de una espesa capa de ceniza grisácea. Ninguna palabra había sido dicha desde el protocolar saludo inicial entre los dos amigos. El líder, antes de prepararse para salir, manipuló nuevamente el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en el medio del fuego. Casi inmediatamente se volvió a encender, alimentado por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno de él. Cuando el líder alcanzó la puerta para partir, su anfitrión le dijo: Gracias por su visita y por el bellísimo sermón. Regresaré al grupo. ¡Que Dios te bendiga! (Texto de autor desconocido; traducción de Rosi Piat). Mis hijos/as, recuerden que son parte de la llama de su hogar y que lejos del grupo, aunque vivan en la misma casa, pierden todo su brillo; y que todos y cada uno son responsables por mantener encendida la llama del Hogar y por promover la unión entre todos; sólo así el fuego será realmente fuerte, eficaz y duradero. Les quiero a todos/as. Un abrazote de AÑO NUEVO. P. Josep Margalef Isern, Sch. P.
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