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Iniciamos el sexto año en esta
experiencia de difundir bimestralmente la vida de los Hogares Calasanz de
México.
Ahora los escolapios de las Californias nos comparten la noticia del nuevo hogar de Tijuana y un comentario al libro de la tía Soco. La tía Angélica de Puebla nos habla de Calasanz, Cristian nos habla de su experiencia en los hogares de Tlalpan y recordamos un poema del Chinchachoma.
Invitamos a todos nuestros
colaboradores y amigos a la peregrinación anual de los escolapios a
Hogares Calasanz
Hogar Calasanz Tijuana El proyecto comenzó cuando los niños vinieron a nuestra puerta a pedir un vaso de agua, una manzana, un caramelo, una galleta, un lápiz… En el fondo lo que nos estaban diciendo era que se encontraban solos, que necesitaban un abrazo, una sonrisa, un apoyo, ser acompañados en su difícil situación. La situación social de nuestro barrio es difícil. El ambiente de pobreza y drogadicción va dejando a muchos niños a la intemperie. El ambiente que les rodea los expone a situaciones de riesgo, de ser expulsados a la calle, de quedarse al margen de la educación, de truncar una infancia tan bella, de apagar las sonrisas limpias y tiernas. El proyecto Hogar Calasanz es la puerta que se abre para nueve de estos niños. Quiere ser una lucecita de esperanza que ilumina sus vidas y les intenta acompañar en su situación concreta. Los escolapios respondemos humildemente con unas instalaciones que se están terminando de remodelar a un lado del templo parroquial. Es una obra que indica con la ilusión de hacer realidad el gran anhelo de Jesús, de recibir a los más pequeños y sencillos en su nombre, de ser fieles al carisma de Calasanz al educar desde la más tierna infancia. Gracias a Dios que pone los medios para que esta obra se realice. Agradecemos a tantas personas que se entusiasman con el proyecto y se convierten de admiradores en colaboradores, aportando su granito de arena para que los niños tengan un hogar. La viceprovincia de las Californias agradece profundamente a Dios esta oportunidad que nos da de servir a los más necesitados de nuestro entorno. Muchas gracias a todos. Sigamos orando para que esta obra siga adelante. Cuco, escolapio.
Hogar Calasanz de Tijuana
El cielo que tú me das Un libro testimonio. Retazos de una vida a la intemperie. Antídoto para combatir la banalidad y el vértigo de la vida, ese viento oscuro que nos lleva.
Un libro que duele, con el encanto natural de lo inmediato, un estilo sin pulir, espontáneo, desordenado. Anécdotas que se suceden y repiten unidas por el hilo conductor de la entrega a esa realidad hiriente de los niños callejeros. En él un aire de ensoñación, y una vocación de permanencia. Un acierto haberlo publicado sin arreglos ni remilgos, con la insistencia, la crudeza y la implacable memoria de quien vuelve sobre sí mismo, con la prisa sangrante de una realidad que está ahí y que no espera. Como la vida misma, como el amor descalzo que le da sentido. ¡Gracias tía Soco! Tintxo Queridos lectores les envió un gran saludo por parte de la comunidad del Prenoviciado y el objeto por el cual me dirijo a ustedes es para compartir mi experiencia que he tenido con nuestros niños de hogares. Quiero comenzar relatando una pequeña historia de cómo fue que llegué al hogar y mis primeras experiencia con los chiquillos; voy hacer una pausa, antes que nada para agradecer a Dios el lugar en el que me ha puesto, sobre todo agradecerle la vida porque, gracias a ella he podido conocer la bella experiencia de amor, esencia del hombre, que es el amor a Dios. Pero el amor que vivimos y debemos vivir, de acuerdo a mí vivencia en el amor al prójimo, en el amor a la oración, en el amor que comparto con aquel que me lo pide una caricia, un gesto de alegría en pocas y muy sencillas palabras, lo que le puedes decir a ese que te busca, a ese que te pide atención, a ese pequeño, grande, en fin, a ese ser humano que te dice con esa carita triste y dolida, con esa mirada rencorosa, con esos ojos brillosos, con esa infancia inocente violada, limitada, pero sobre todo, con ese corazón con barreras, que no permite muchas veces entrar pero cuando penetras en él, logras encontrar el verdadero amor que puedes darle a Dios sin conocerlo porque, para mí Dios se presenta a mí en ese niño, este chiquillo que se encuentra en la calle, más concretamente en éstos niños que Dios me puso en el camino y yo los encontré en éstos tan pequeños (no por tamaño) y digo pequeño por lo acogedores que están los hogares Calasanz y, claro que los mencionaré (los voy a nombrar) porque creo que si he de hablar de ellos deben conocer mínimamente su nombre. Saben cada uno de ellos tiene algo especial, todos son ángeles y cito <<Ángeles con alas que te hacen descubrir las tuyas cuanto tú no puedes volar>> (ésta es una frase que una gran amiga me compartió hace apenas unos años y que nunca he de olvidar). Sus nombres son: Jonathan, Lalo 1, Lalo 3, Santi, Gonzalo, Adrián, Sergio, Omarli, Javier 1, Marcelo, Alan, Jorge, Omar 1, Omar 2 y el gran niño, bueno ya no es tan niño, mejor dicho ya un profesionista, bueno ese chico es Marcos (lleva bastantes años en el hogar) ahora bien, ya nombrado cada uno de ellos comenzaré por relatar mi historia. Llegué a la familia escolapia hace apenas 7 meses, al iniciar esta etapa de formación (ya que pretendo ser religioso escolapio) mi maestro formador Hno. Gerardo Leyva Bohórquez, nos comunicó que nuestro apostolado iba a ser el Hogar y sería cada domingo de 16-22 hrs. Que al principio me pareció mucho pero en realidad cuando por primera vez fui a la casa y comencé a convivir con los niños me di cuenta de que era muy poco, pero teníamos que seguir en este pequeño rato para estar con ellos porque no había más tiempo, después pudimos proponer al hermano ir cada lunes al hogar ayudar a los niños en las tareas, y con la gracia de Dios aceptó, y desde entonces vamos 2 veces al hogar, y aún así creo que es muy poco. Para concluir con esta reseña les comparto, cada vez que puedo voy a ver a los niños junto con Moroni, mi compañero de Prenoviciado; aprovechamos para llevarlos a la escuela y es lo más hermoso ver cómo entran a la escuela. Ahora bien, sigo con el compartir de mi experiencia. Al llegar a la casa hogar encontré el lugar donde puedo amar a Cristo, el lugar donde puedo entregarme a mi único Creador, al cual amo y les invito a que lo amen, porque sólo así lograrán una felicidad, una entrega completa a lo que hacen y una verdadera obra basada en el amor. En este lugar (mi casa… Hogar Calasanz) he encontrado un gran amor, he descubierto en estos niños una inocencia y una infancia parecida a la mía, sé que no por las circunstancia de calle, que han vivido, sino por la falta de una verdadera familia que ellos como a mí nos hizo falta. Creo que en ellos he experimentado la bella experiencia del amor de hijo porque los quiero tanto que para mí son hijos, sufro cuando los veo que sufren, me alegro cuando los veo y siento que están felices. Estos angelitos son niños a los cuales les debo dar todo lo que tengo y puedo y creo que lo único que puedo ofrecerles es amor, y mucho, y al menos para mí es lo más valioso. En muchas ocasiones he salido muy triste de la casa porque yo soy un ser muy expresivo, expresivo en el sentido de que me gusta abrazar, besar, decir te quiero y a estos chicos muchas veces o en la mayoría de los casos no les gusta que los abrace, y eso me ha sido difícil de superar pero creo que día a día voy logrando este cambio, y aunque me parte el alma ser así he entendido que estoy allí para hacer feliz al niño, y no que ellos me complazcan a mí. Y de algo estoy muy seguro, estos niños me hacen feliz si yo los veo felices y muchas veces los he visto. Los chicos me han enseñado a vivir sin familia (carnal), porque estos pequeños equivalen a una familia, no la sustituyen, sólo la complementan. Dios me ha permitido que estuvieran en mi tierra (Tlaxcala) y creo que esa ha sido la mayor satisfacción que he tenido. Allá en Tlaxcala fuimos a “la Trinidad”. Es un centro vacacional donde hay piscina; allí nadamos, jugamos, nos divertimos y los vi contentos; muy cansados pero contentos. Ahora en conclusión digo que el Señor mi Dios me ha dejado ser feliz durante este pequeño tiempo con ellos, y esto equivale a la mayor felicidad que puedo experimentar. Quiero pedirles que siempre que vean a un niño busquen que sonría, porque de esas sonrisas, el corazón de uno, adquiere energía para seguir viviendo, nunca permitan que estas caritas inocentes se apaguen, y muestren una amargura, recuerden Dios esta en esos chiquillos y en ustedes, por ello depende de nosotros hacerlos felices. Se despide de ustedes Cristian, les deseo mucho éxito y felicidad en su vida, y le pido y los encomiendo a mí Dios, para que siempre este presente en su corazón. Aprovecho para agradecer a mi familia su apoyo y para decirles que los quiero mucho. Cristian Gabriel Gutiérrez Sánchez Prenovicio Escolapio. Quiero ver tu rostro
Quiero ver tu rostro mi amor escondido que juegas conmigo lo busqué y amante siendo yo muy niño viniste a buscarme me dijiste mío y sentí mi entraña verte conocido. Mil bellezas y embelesos mil perfumes, muchos besos he admirado mi existencia sólo llena el alma mía un deseo y un anhelo: tu presencia.
* * * En todo he visto de ti sutil reflejo pequeño limitado caduco, que no sirve quiero sentirte amor verte mi dueño ya quiero estar contigo dulce sueño
Yo quiero contemplarte cara a cara y sereno en Ti de noche y día pienso. Es el amor a Ti cual fuego intenso que derrite el vivir, cera que muere ¡Oh! muerte bien amada libra pronto Hogares de Tlalpan de cadenas, prisiones la esperanza sé tú mi señora poderosa que mandas vidas y yo pobre mendigo que te ruego me des limosna para partir del suelo y al fin ver el rostro del amado.
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Para mayores informes con relación a HOGARES CALASANZ favor de contactar informacion@calasanz.org.mx
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