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Cuando vuelva la noche recuérdame
despertar y levantar los ojos al. cielo y reencontrar la esperanza, esa
que se viste de azul todos los días, esa que se hace viento y viaja
lejos, esa que se hace brisa suave, rocío de mañana, manantial que
conforta el alma, suspiro, nostalgia. Esa que toca la cara y te despierta,
que mira a los ojos, que grita por dentro, que susurra al oído y que
invita a seguir esperando, a seguir creyendo, esa que mira a la primera
estrella y que descubre de tras de ella el infinito.
Cuando vuelva la noche recuérdame
que existes, que vives cuando yo duermo, que sientes cuando no siento, que
gritas mientras yo callo, que sueñas cuando yo no concilio el sueno, que
intentas aprender amar cuando yo existo acostumbrado, aburrido y cansado.
Recuérdame que estoy hecho para dar y recibir al mismo tiempo, para nacer
a una nueva vida, esa que se aprende sólo con el tiempo, sólo con
mirarte a los ojos y permanecer en silencio, inquieto. Porque al mirar tus
ojos quisiera mirar la vida que se esconde de tras de esos ojos tímidos y
provocadores; por que al mirar tus ojos quisiera mirar la vida que no es
para poder mirar la mía que se supone que “es”, y explicarme el porqué
de la fortuna y el porqué de la desventura, el porqué de los mundos
separados, distantes.
Cuando
vuelva la noche déjame abandonarme, al abismo insondable, a aquél que no
tiene nombre, a aquél que lleva por nombre humanidad sin saber siquiera
su significado, pues una humanidad que se diga tal no debería permitir la
vida que se esconde detrás de tus ojos, esa que no es vida, esa que deja
entrever la parte de inhumanidad que se anida en el corazón de algunos
hombres que forman sociedades, que forman estructuras, instituciones y
clases, divisiones de mundos incomprensibles, fragmentados. Déjame soñarte
igual, limpio, sano, lleno de oportunidades. Déjame soñarte que sueñas,
que existes, que tienes vida propia y no aquella que te impone la crueldad
de la miseria humana... Déjame soñar que tienes un mundo en donde ser
persona, hombre y mujer, es posible; un mundo en donde quepamos todos,
donde tus ojos miren igual el universo, como los otros ojos, en donde la
chispa de tu mirada sea igual al del que tuvo suerte, al de aquel que hoy
te mira a distancia, con reserva, con miedo; un mundo en donde tus lágrimas
sean el resultado de la paz, de la alegría de ser hombre e hijo de Dios
al mismo tiempo, no de la incomprensión del porqué, de la pena y lástima
con que te miran otros ojos, no por la desventura que no pediste, ni de la
existencia que no comprendes, ni por la falta de futuro a causa de lo
incierto de tu presente.
Cuando
vuelva la noche déjame mirar mis manos vacías para saber que están
incompletas, que todavía no están llenas de ti, llenas de vida; déjame
mirar mis ojos para mirar en ellos mi propia tristeza, la parte de
inhumanidad que llevo dentro al no mirar tus ojos, al no descubrir en
ellos vida, al no mirar en ellos el mismo universo que tú miras cuando
dices que miras, al verte pasar de largo sin siquiera inquietarme, al
dolerme de mí por no hacer nada por ti, al contradecirme por esperar un
mundo nuevo, sin siquiera mover un dedo. Al querer encontrar revoluciones
sin personas, sin hombres y sin nombres, al buscar una libertad abstracta
que no te incluye, al hablar de ti como demagogia, al tomarte como bandera
y llamarte utopía creadora, inserción, encarnación y otros
calificativos más pasados de moda.

Cuando
vuelva la noche déjame ver en ti mi nada cuando digo que vivo para
encontrar en ti mi todo, aquello que le dé sentido a la vida, a los sueños,
a las tristes realidades. Déjame pensar que estás hecho para vivir y no
para sobrevivir, para ser y no sólo para existir" para mirar al
cielo azul y encontrar en él la misma esperanza que ven otros ojos que lo
miran, aquellos que por misterio no lo verán desde la calle que te
cobija, desde el frío que te envuelve, desde el hambre que te aprieta,
desde el vicio que te etiqueta como persona no grata y que te consume,
desde la soledad y la indiferencia, desde el descariño, desde el temor y
el miedo con que te miran otros ojos, aquellos que miran el mismo cielo
desde otras soledades y silencios, aquellos provocados por el tedio, el
aburrimiento, la superficialidad, la vanidad, el orgullo, la prepotencia,
la injusticia... El vacío del que no tiene nada a pesar de que lo tiene
todo, porque ha dejado de soñar desde ayer y sólo vive para la inmediata
del mañana, porque vive mirándose a sí mismo, sin significado, sin
contenido.
Cuando
vuelva la noche recuérdame que me dejaste ver un día tus ojos para
levantarme sin dejar de seguir soñando de madrugada. Para descubrir tu
voz, tus ojos y tu cara, en cada niño que mira con tus ojos, que habla
sin decir palabra, que grita ¡suerte!
o ¡destino! Sin saber a quién dirigir sus palabras, a quién
responsabilizar por su fortuna… Que no eres viento, ni brisa pasajera, o nube que se disipa, o nostalgia, o simple
ideología, que no eres parte de un cuadro inhumano.
Cuando
vuelva la noche, vuelve tú con ella, para amanecer juntos sin herencia
histórica, sin visión con distorsión, sin mutilación ni muerte…
Vuelve tú con ella y recuérdanos que somos hombres e hijos de un mismo
Padre, que es nuestra la misma suerte, aquella que otros prefieren llamar
"desventura", que el Reino es nuestro. Vuelve tú con ella y ayúdanos
a ser juntos y a existir mirando el mismo cielo, las mismas estrellas,
desde las banquetas, desde las casas, desde el todo, desde la nada. Vuelve
tú y vendrá contigo él, la razón de la ventura, la libertad, la
plenitud creadora, la razón sin lógica, Dios mismo.
La
noche no es un lugar ni tiene tiempo, la noche es una forma de existir, un modo de
ser, no es oscuridad ni sombras, no tiene nombre. Su convencionalismo le
ha dado su categoría de no ver en sus sombras, pero es misterio, temor no
miedo, es ser en medio de la existencia, es no ver nuestro rostro para
sabernos iguales, es sentimos simplemente que respiramos para saber que
vivimos. Ante los ojos de cualquiera, los de casa y los de calle, la noche
puede ser ausencia de luz, sólo para algunos un “momento” de espera
para amanecer mañana.
Nuestro
amanecer aún nos sigue esperando, así como los ojos que necesitan ser
mirados, los de calle, los nuestros porque no son de nadie.
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